Historias

Letonia y Lituania

Letonia y Lituania

Mi historia con Letonia no empezó del todo bien. El tramite en la aduana de Rusia fue rápido. En la Letona, debería haber sido igual. Salvo por un detalle. Cuando entregué la documentación, me pidieron la licencia de conducir. Fue la primera vez en Europa, si mal no recuerdo, que tuve que mostrarla. Como el trámite se demoraba, pregunté si había algún problema. Nadie me respondía. Al cabo de unos 20 minutos, un Oficial me pregunta, en todo sarcástico -Está bien tu licencia?- Sí, le respondí- . Y volvió a desaparecer.

Media hora más tarde, otro Oficial se me acerca, y me cuenta que están verificando la licencia, y que voy a tener que seguir esperando. Pregunto cuánto, y me responde: -No sé, pero no va a ser mucho. No van a ser 10 horas.

Una hora más tarde, aparece el primer Oficial, acompañado del “experto” en verificaciones. Me pregunta nuevamente: -Cuánto pagaste por esta licencia?- Nada, respondo. -Es la licencia que me dieron en mi pueblo.

No podían creer que esa licencia, impresa de esa manera y sin ningún elemento de seguridad, fuese verdadera. Me amenazó con no dejarme entrar a Europa. Y me cambió la cara. Estaba indignado. Qué se piensan estos tipos? Que voy a recorrer el mundo con una licencia falsa? En ese momento, imaginé todos los trámites que debería hacer si me devolvían a Rusia. Para empezar, manejar casi 1000 kilómetros de nuevo a Moscú. Ir a la Embajada Argentina y explicarles todo. Esperar que puedan hacer algo… en fin. Gastaría tiempo y dinero, sin siquiera saber si tendría solución.

Mientras se hacía de noche, y la adrenalina aumentaba, no podía parar de pensar en lo que pasaría. La licencia está imprenta en chorro de tinta, pero tiene hologramas. No los ven?  Busco en otro bolsillo de la campera, y, dentro de otro porta documentos, estaba la licencia ´verdadera´.

Antes de partir, tuve la magnifica idea de hacer copias, por si llegase a perder una. No sé si, llegado el caso, me serviría para hacer la denuncia en la policía, con todos los datos que me pudiesen pedir, o para  seguir circulando hasta encontrar una solución.

La cuestión, es que había mezclado las dos, y no me había dado cuenta. No sé si alguna otra vez la mostré y no dudaron, o si me dejaron seguir igual.

Cuando entré a la oficina en donde estaban reunidos varios policías debatiendo mi tema, con la nueva licencia en mano, al grito de: -perdón, esta es la licencia verdadera!- no sabían si reír o matarme.

Durante dos horas estuvieron verificando la licencia. Mandaron copias a varias fronteras. La analizaron una y otra vez. Y el resultado siempre era el mismo. Falsa ¿Cómo no iba a serlo? Una fotocopia color, y de mala calidad. Todavía me extraña cómo demoraron tanto en echarme.

Diez minutos más tarde estaba conociendo Letonia. Con una anécdota más, entre tantas.

Una noche en un pueblo, del que no recuerdo el nombre, una ruta aburrida,  y llego a la capital, Riga.

Este es uno de esos países de los que no sé absolutamente nada. No sé que esperar. Las expectativas son altas, como siempre, y no me decepciona. Riga es una ciudad hermosa. El país entero, tan chico de tamaño, pasó por infinidad de situaciones a través de su historia. Fue dominado por todas las potencias que lo rodean. Entre ellas, Rusia y Alemania.

Riga, Letonia

Riga, Letonia

Durante dos días recorro la ciudad. El centro histórico, como en todas estas ciudades milenarias, es pequeño pero muy pintoresco. Todo está bien cuidado.

Continuo hacia Kaunas, en Lituania. Otra ciudad pequeña, a poco más de 250km. Disfruto saber que son pocos kilómetros. Tendré tiempo para recorrer una vez que llegue. A diferencia de Rusia, en el resto de Europa las distancias son cortas. Tan cortas que con un solo tanque de combustible me alcanza para los trayectos diarios.

Hay dias en los que tengo ganas de manejar. De pasar horas sobre la moto y recorrer varios cientos de kilómetros. Y también hay días en los que quiero llegar antes de salir.

Kaunas tiene restos de un castillo medieval. Si bien es orgullo de sus habitantes, no me causa buena impresión. Solo una minúscula de partes de alguna pared es original.  El resto fue reconstruido con ladrillos demasiado modernos. Se nota  tanto que le quita mística.

Castillo de Kaunas

Castillo de Kaunas

Distinto es el caso en mi próximo destino. Camino a Vilna, la capital Lituana. En medio de un lago, y unido a tierra solo por puentes, se encuentra el Castillo de Trakai. Parece salido de un cuento. Si bien se nota reconstruido, parece conservar el espíritu medieval de sus años dorados. Lo único que me molesta, es el contingente enorme de turistas que parecen seguirme los pasos. Hasta para sacar una foto tengo que buscar el ángulo justo, para que los orientales no corten el encanto del lugar. Tampoco entiendo la necesidad de estar gritando (tal vez es cultural, o simplemente cuestión de edad)

Castillo de Trakai

Castillo de Trakai

Ya en Vilnius, un poco cansado de tanto caminar, pido me recomienden la que, a su juicio, sea la más interesante atracción turística.

Sin dudarlo, el Ex centro de detenciones de la KGB. Hoy llamado Museo a las Víctimas del Genocidio. Y para allí parto. Por más cansado que esté, siempre que llego a una ciudad nueva, prefiero caminar a tomar transporte público. Una sana costumbre…

La entrada al museo no dice mucho. La idea, tal vez, era justamente esa. Fue centro de detención de la KGB. En el subsuelo funcionó una cárcel desde 1940, cuando la Unión Soviética invadió Lituania. Después lo utilizaron los Nazis durante los 3 años que ocuparon el país, hasta que el ejercito soviético lo recuperara.

Prisión de la KGB

Prisión de la KGB

Lo más interesante de la visita, es que todo está tal cual lo dejó el servicio de inteligencia ruso cuando lo abandonó en 1991. Se pueden ver las celdas, los lugares de tortura, el patio de ejercicios, y hasta la habitación de fusilamientos. Cuesta creer las cosas que pasaron allí dentro. En medio de la ciudad.

 A la vuelta, en el hostel, conozco a Pía, una profesora de matemáticas jubilada que supo enseñar en Santa Cruz. Eso es casualidad. Como cuando en Vancouver, en una fugaz charla de semáforo,  el chofer de un camión me cuenta que hizo el Servicio Militar en Piedra Buena…

Ubicación en el Mapa

Comentarios a Esta Entrada
  1. Kjell O.Skavdal 22/09/2014 Responder

    Very impressive! Interesting!

  2. Daniela Abatecola 22/09/2014 Responder

    Hola Martín… como primera medida… NO CONFUNDAS MÁS LAS LICENCIAS DE CONDUCIR!!! jajaja… igual muy cordiales en no echarte antes. Jamás pensé que en esos países tan remotos fuera tan aburrido estar por ahí.
    Igual me encanta leer lo que escribís, para los que seguimos en Buenos Aires y en Aeroparque, leer esto es poder trasladarse aunque sea unos minutos fuera de acá. Gracias!!
    Espero seguir leyendo más detus anécdotas. Besos y buenos viajes!!!

  3. eduardo ruesta 23/09/2014 Responder

    Que lindo Letonia y Lituania, jamas hubiera tenido noticias ni fotos si no fuera por tus cronicas. Un abrazo y seguimos tu viaje con el mismo interes del primer dia.

  4. Carlos Cordoba (padre) 06/10/2014 Responder

    los rusos (y tantos otros) se “comieron” la fotocopia y los lituanos se dieron cuenta. Está bueno

  5. Ricardo 16/10/2014 Responder

    Muy buena martin excelente relato, gracias por compartirlo, abrazo grande y suerte en lo que viene

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