Historias

Rusia

Rusia

Dejé Helsinki temprano. Esa mañana paró de llover y quise aprovechar a recorrer un poco más la ciudad.

Pasado el mediodía ya estaba en camino a la frontera con Rusia. Hasta ese momento, todos los trámites habían sido sencillos, y no pensé que las cosas fuesen a cambiar.

Pocos kilómetros antes de llegar, podía ver una fila de camiones sobre la banquina. Claro, pensé, los camiones demoran más porque los controlan. Por eso la fila enorme. Con los autos particulares, no debe haber problema.

Dos minutos más tarde, me encuentro con una fila de autos tan larga, que no se llegaban a ver los edificios de aduanas. No quedó otra que parar la moto y esperar. Creo que eso fue un aviso. Salir de la Comunidad Europea, después de recorrer nada más y nada menos que la casi perfecta Escandinavia, cambiaría un poco las cosas.

Entrando a Rusia

Entrando a Rusia

Dos horas más tarde, por fin llego. Estaciono la moto y camino en la misma dirección que todos. Sin tener idea por donde ir, que hacer. Me formo en una línea y espero. Un alma caritativa, finlandesa, me señala unos formularios y pregunta si los tengo. Claro que no! De dónde los saco? Un policía se me acerca con los formularios… en ruso!  Lo mismo que nada. Me río, y me formo nuevamente detrás de todos. Cómo pretenden que llene este papel, si no sé ni dónde poner mi nombre?

Con ayuda, lo completo. Espero esté bien porque no tengo ganas de hacer todo de nuevo.

Llega mi turno. Una mujer con cara de pocos amigos, me mira y -en ruso- me habla. Le entrego el pasaporte, el formulario, la Tarjeta Verde de la moto. Supongo que con eso será suficiente. Mira una y otra vez el pasaporte y, otra vez, me habla.

Supongo que buscaría la Visa para Rusia -que los argentinos no necesitamos- porque rápidamente me devuelve todo y me señala otra ventanilla. Hasta ese momento, pensé -no es tan complicado esto-.

En la ventanilla siguiente, otra mujer -tan simpática como la anterior- me pide todo de nuevo. Se lo entrego, y sigue insistiendo. Con gestos, le digo que no sé. Me muestra un nuevo formulario -en ruso- y me dice que lo complete. Obviamente, me quedo mirando el papel, sin poder completar absolutamente nada. Con tono un poco más elevando, y esbozando un inglés básico, comienza a ayudarme: ¨name¨, ¨moto¨ (-“moto” qué?- modelo?, año?, cilindrada?)¨hotel¨, ¨days in Russia¨, ¨exit point¨. Definitivamente, debí ir un poco más organizado. La mitad de lo que me pedía, no lo sabía. Y cada vez que hacia un gesto indicando esto, mi nueva amiga rusa se ponía un poco más intolerante.

Para colmo, podía escuchar a los que estaban detrás mío en la fila, quejándose por mi demora. Tanto que cuando el primero se acercó a la ventana para preguntar algo, lo sacaron corriendo con dos gritos.

El punto culminante, fue cuando me preguntó la dirección del hotel -que no tenía-. ¨No sé, poné lo que quieras¨, le respondí, ya resignado. Recién ahi le robé un sonrisa. Con tono irónico, me dice ¨Petro Palace? in Saint Petersburg¨- claro, por qué no?- si supiera en los lugares que paro…

Listo, tramite terminado. Me subo a la moto y -ya con la reserva- voy en buscar de una estación de servicio para llenar el tanque con el combustible barato del que me hablaron. Ahora si, todo perfecto! listo para buscar un motel y relajarme un poco. Detalle: el GPS tiene la base de datos de Rusia (gracias Sergio!) pero está todo en…ruso! Ni siquiera sé como escribir una dirección. Me gusta cuando las cosas no son tan sencillas.

A la mañana siguiente, parto para San Petersburgo. No es sencillo encontrar un hostel con lugar para la moto y bien ubicado. Tenía todo preparado y la dirección en el navegador.

El tránsito también es diferente. No porque tengan autos viejos, o rutas en mal estado. Simplemente, porque manejan como animales. Van rápido. Muy rápido. Y todos los caminos están repletos de camiones. Una combinación un tanto explosiva.

Una ruta de dos carriles rápidamente se convierte en autovía. Los lentos van por la banquina, dejando el carril central para los más loquitos.

Llego a San Petersburgo con lluvia. Se ve imponente, enorme. Sigo las indicaciones del navegador, y me doy cuenta que estoy mal. La dirección no es la del hostel. Paro, busco en el mapa, y sigo. Esta vez, doy justo. Menos mal. El estacionamiento, que es lo que más me interesa, es seguro. En la habitación hay 4 camas, pero estoy solo. Perfecto!

Uno de los tantos canales

Uno de los tantos canales

Desde la recepción, me avisan que, aparte del dinero por hospedaje, también tengo que paga el “registro” por la estadía en Rusia. No tengo idea de qué es, pero está bien explicado en el reverso de la tarjeta de migraciones. Aparentemente, es un trámite importante.

Temprano a la mañana salgo a recorrer. El tiempo no mejora, pero la ciudad vale la pena. La lluvia es intermitente, y está frío. Hay mucho por recorrer. No pierdo tiempo.

Todas las edificaciones son antiguas. Bien mantenidas. Su diseño, sin nada que envidiar a las demás ciudades de Europa, se lo debe a su fundador, Pedro El Grande. Quería una ciudad moderna e imponente, y lo logró. Canales, puentes, monumentos, plazas, jardines, catedrales. Todo está perfectamente planificado. Llamada la Ciudad de los Zares, fue Capital del Imperio Ruso y hogar de la dinastía Romanov, hasta la revolución de 1917.

Sin duda, lo que más llamó mi atención, fue la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada. Construida en memoria del Zar Alejandro II, en el lugar donde fuera asesinado.

Iglesia de Cristo sobre la sangre derramada

Iglesia de Cristo sobre la sangre derramada

La Plaza del Palacio, frente al Palacio de Invierno de los Zares, y el museo del Hermitage, por un lado, y del edificio en forma de arco que conmemora la victoria sobre Napoleón, del lado opuesto, impresiona por su tamaño. Es tan grande, que siempre da la impresión de estar vacía.

Plaza del Palacio

Plaza del Palacio

Justo en la esquina, me encuentro con Takashi. Un japonés en una Triumph. No podía no acercarme. Me cuenta que recién había sido parado por la policía. Aún teniendo todo en orden, le habían pedido 5 mil Rublas -unos 100 Euros-. Pero se conformaron con un souvenir japonés…Tan lejos y tan cerca…

Con Takashi

Con Takashi

El cambio cultural es enorme. Se nota, sobre todo, en el idioma. Una mezcla de griego y latín, llamado Cirílico (por su inventor) Imposible de entender. Todo es complicado. Desde pedir una pizza hasta una dirección (esto último, realmente imposible). La solución: buscar y copiar un par de palabras y frases al teléfono, y mostrarlas cuando sea necesario. Otra no me quedaba. Porque aparte de no entender, no hablar inglés, tampoco tienen paciencia.

Después de tres dias caminando todo, llegó el momento de seguir a Moscú. El clima no me acompañaba. Esa mañana, llovía. Y llovería durante los 700km de viaje.

Mi "machete" salvador

Mi “machete” salvador

Siendo dos ciudades tan importantes, pensé que las uniría una autopista. Que 700km serían 7 horas manejando tranquilo. Evidentemente, no conocía Rusia. Tal vez el hecho de que fuese Domingo, y la lluvia, y el tráfico… no colaboraba. El viaje se demoró todo el día. Fui testigo de un accidente entre un alce y un auto. Paré a almorzar en un boliche de camioneros, donde tuve que recorrer las mesas, señalando en platos ajenos, lo que quería comer.

Accidente en ruta

Accidente en ruta

Y por fin, llegué a Moscú. Me impactó desde el primer momento. Sería la alegría que tenía por haber llegado, pero todo me parecía imponente.

El hostel, con estacionamiento, estaba muy bien ubicado. Cerca del centro, podría dejar la moto y caminar. Mi habitación no tenia ventanas. Por el precio, no podía esperar algo mejor…

La mayoría de los huéspedes eran rusos. Y, si bien tratamos te mantener alguna charla, no era fácil socializar.

Primer sorpresa, la Plaza Roja cercada. Solo podía caminar alrededor, y sacar fotos entre las carpas y gradas instaladas para la ocasión. Festejaban el aniversario de la ciudad con desfiles militares, solo para invitados.

Todo listo para los festejos

Todo listo para los festejos

Toda la ciudad es un gran monumento. Cargado de historia. Un placer caminar por todos lados, descubriendo lo que aparece detrás de cada esquina. Aún mejor, cuando contrato un tour en inglés. Y me cuentan un poco sobre lo que estoy viendo. Realmente interesante. Ayuda a entender un poco más el porque de esta cultura. La historia es bastante dura.  Comprendo esa necesidad de ostentar como en ningún otro lugar que conozco. Hace poco más de veinte años que cayó la URSS y el comunismo.  Durante 70 años, estuvieron cerrados al mundo. No tenían acceso a muchas cosas que, evidentemente, añoraban. Desde un par de jeans, hasta un automóvil. Los productos emblema de Occidente estaban prohibidos. Una coca cola o determinado chocolate, eran casi imposibles de conseguir.

Una vez derrocado el comunismo, el capitalismo llegó con fuerza. Muchísimos nuevos ricos, que crecieron bajo ese regimen, disfrutan de un nivel de vida que jamás soñaron. Y lo quieren mostrar. En menos de 20 años, Moscú se convirtió en la segunda ciudad con más millonarios en el mundo (la primera es Londres. Dicen, por la cantidad de rusos que viven allí…)

Justo frente a la Plaza Roja, un centro comercial con las mejores marcas. Mujeres escoltadas por sus guardaespaldas compran sin importar precios. En ese mismo lugar, solían llegar desde todo el país, y hacer largas filas para comprar lo que encontraran. Sin importar talle o color…

Centro comercial

Centro comercial

En el hotel conozco a Luis, cubano, varado en la ciudad. Espera a su mujer para volar a Cuba a pasar unos días. Molesto porque con su pasaporte necesita Visa para entrar a casi cualquier país del mundo -menos Rusia, claro-. Está convencido del potencial de su país, y cree que el día en que se abra al mundo, los resultados van a ser parecidos. Habrá que esperar.

Muy cerca de mi hospedaje se encuentra la embajada  Bielorrusa. Ya que estamos -pienso- paso y averiguo los requisitos para sacar la Visa. Desde el guardia de la entrada, hasta la mujer que maneja los temas consulares, me hablaron en algo que no pude entender. No sé si ruso o bielorruso. Para el caso, da igual. No entiendo porqué algunos países tienen exigencias insólitas: Carta de invitación de un ciudadano bielorruso. Llamé a todos mis amigos allá, y como no encontré ninguno, resolví viajar a Letonia…

Esto fue parte de lo que viví en Rusia. Sin duda, volvería.

Ubicación en el Mapa

Comentarios a Esta Entrada
  1. Daniel Alamo 12/09/2014 Responder

    Martin: Un GRAN viaje sin dudas!!! y sobre todo muy bien contado, escribis muy bien deberias hacer un libro al llegar, Un fuerte abrazo y sigue adelante!!! 

  2. Ricardo 16/10/2014 Responder

    Estimado Martin….. Un gran viaje espero escriba un libro sobre todo lo vivido, yo comprare el primer ejemplar, mucha suerte en lo que
    viene

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